La Fotografía de los Hermanos Vargas

En 1920, Arequipa, la ciudad natal de los hermanos Vargas, se constituye como ciudad rectora  del sur del país.  Aunque el poder económico estuvo en manos de  un pequeño número de comerciantes, estos articularon la economía precapitalista del interior andino con el mercado internacional;  sin embargo un amplio sector de su economía reposaba en la agricultura. Después de una corta etapa de bonanza, al finalizar la primera guerra mundial, empieza una crisis en la economía con la caída  tanto de precios en el mercado internacional, como la disminución en los  volúmenes de exportación. Es importante anotar que empiezan, también serios conflictos sociales de reivindicación en todo el sur andino. Si en el censo de 1794, Arequipa contó con 23.900 habitantes, 15.700 hispanos, posteriormente, a  principios del siglo pasado la ciudad amalgamó un nuevo tipo humano en  un vigoroso mestizaje que, a partir de la independencia,  fungió de guía y conductora del sur del Perú.  Comprender la peculiar idiosincrasia de esta ciudad ayuda a entender mejor el perfil  de la obra de los Vargas, dentro del contexto  fotográfico peruano de inicios del siglo pasado. El Perú fue y sigue siendo  un país pluricultural, de gran diversidad y riqueza cultural.

Si en  Europa, los grandes avances técnicos y científicos, las nuevas corrientes ideológicas, la revolución rusa y la primera guerra mundial, producen radicales cambios sociales y  gestaron una nueva manera de sentir y pensar la vida, en el Perú se da también cierto correlato con este nuevo orden de cosas. En efecto:

Durante la segunda década del siglo XX, una brillante generación de intelectuales y artistas, estudian, cuestionan y denuncian el status quo existente.  Nuevas ideologías  entran en juego en el ámbito político, la reforma universitaria de 1919,  el debate crítico sobre los problemas del país, tienen un nuevo enfoque acorde también con esta nueva realidad mundial. En el ámbito artístico se da también una nueva manera de sentir y expresar la belleza.

Dentro de este debate, se hace presente el complejo mundo andino. Los peruanos empiezan a estudiar  las viejas civilizaciones prehispánicas, en un intento por comprender, revalorar y rescatar elementos de la ancestral cultura andina. Empero, el  creciente mestizaje da origen también a  nuevas manifestaciones culturales,  sutilmente tamizadas bajo este  nuevo rostro,  se proyectan hacia el futuro. Acorde con la nueva manera de sentir y pensar la vida, una corriente de vanguardia  enriquece el panorama cultural  peruano.

 

El escritor peruano Luis Alberto Sánchez testimonia así su época: “El año de 1916 es uno de los más fecundos, brillantes y renovadores de nuestra historia cultural. Todo mudó de forma y hasta de objetivo. Aprendimos tanto que causa asombro cómo fue posible asimilarlo en tan poco tiempo” Las tentaciones de orden estético fueron pues asimiladas por esta brillante generación que dio un nuevo rostro al Perú. Pues bien, los hermanos Vargas pertenecieron a ese  grupo de  intelectuales y artistas  que a lo largo de todo el Perú impulsaron  este nuevo hálito innovador que rompe  los viejos moldes para  expresar una nueva sensibilidad. Aparecen  nuevos temas y nuevos ámbitos: lo vedado, el subconsciente y lo  onírico. En el campo de la fotografía quedó atrás la corriente pictorialista,  la rima modernista en la poesía, la simetría y perspectiva en la pintura.  Poetas como César Vallejo,  José María Eguren y Oquendo de Amat son las mejores expresiones de una vigorosa poesía de vanguardia. Vinatea Reynoso en la pintura y los hermanos Vargas en la fotografía, son las mejores expresiones de un vigoroso arte de vanguardia.

Jaime Laso Vargas

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